Lo Que Veo
Poemario
Cementerio de Flores
Todas las mañanas toma otro camino,
una niña elige el largo andar,
atravesando ramas anchas que se levantan al amanecer; el instante,
se pinta de dorado la naturaleza.
Bañándose en su lento caminar
de la ligera llovizna emiten los rayos.
Cada mañana la pequeña se desvía
a calles aún no conocidas,
descubriendo jardines escondidos, evidenciando el ramo desordenado
de flores rebeldes doradas,
revelando ante su mirada los
secretos de la belleza de la naturaleza.
Al amanecer, la niña, una vez más se encamina
a un nuevo camino,
en busca del ramo amarillo,
horrorizada al encontrar un cementerio de flores, los pétalos dorados convertidos a grises
que flotan modificando su esencia,
cenizas afloran en el aire,
la naturaleza, una huella del fuego.
Taza Rota
En el suelo había restos olvidados de una taza rota, con la que una niña jugaba a tomar el té
con sus amigos inexistentes.
De nada creaba escenas,
de nada hablaban.
Con una sola taza vacía jugaban. Inocente, sola, vivía realidad su fantasía. Quizás, sí lo era.
La niña nunca llegó,
la taza nadie la usó,
la taza rota, nunca cayó.
no hubo suelo,
no hubo juego,
no hubo boca que tomara té.
La Desnuda Habitación
En un desierto sin arena,
en un mar sin agua, habita un cuarto sin pare- des.
En donde las cenizas sin polvo,
flotan como partículas encerradas.
Liberadas.
Aquí dentro, respiran deshabitadas ciudades, Sonidos que siempre callan,
llantos no derraman lágrimas,
bocas sin lenguas que conversan.
Aquí en la habitación viven noches sinceras y días falsos.
Los inexistente rayos brillan, luz sin sol.
Ojos blancos me miran,
cuelgan espejos sin reflejos,
voces gritan sin palabras.
Poetas de letras huecas
Donde, nadie, nunca, nada vio.
Una Historia Inusual
Quién hubiera dicho que ahí,
en el fin del mundo,
lo encontrarías.
Como toda gran historia de amor, sucede en un barco sin destino, y comienza en lo prohibido. Soltero, él no era;
su mano le pertenecía a otra.
¿Qué le impulsó a hablarte?, en un bar, en un barco,
tambaleándose,
en la danza,
en las olas,
entre desconocidos,
conversaciones cobraban vida.
A él tan sólo
le tomó un intercambio de miradas para saber que debía conocerte.
Tú sólo,
miraste al hombre de rostro amable y lentes grandes.
La historia de amor prohibido,
no acabó ahí,
la buscaste.
Debías de encontrar la excusa perfecta, la hallaste,
eras, eres y serás lo que ha deseado. Salieron, no han dejado de salir, con el tiempo hallaron la llave del amor. En el coche,
cantando te prometió, nunca dejarte de amar.
En el lugar más improbable, entre conversaciones extrañas. Quién hubiera dicho que ahí, en el fin del mundo,
se encontraron.
Se encontraron sin buscar, todo por casualidad
El Placer de la Semilla
De la nuca nació la vieja raíz sembrada por anteayeres, el andar del reloj la nutrió, afloró la enredadera que cargo en la espalda, adecuando su
figura a una joroba.
Un secreto, un tesoro,
guardado,
perdido,
olvidado,
entre hojas,
entre ramas
manos cuál garras.
En mi jardín,
escarbo con uñas rotas agujeros oscuros, vacíos, buscando a ciegas el tesoro oculto. Tesoro robado... ¿A dónde te has ido?